Siria, las raíces de la revolución

Por Alma Toranzo.

A pesar de la presión internacional y del anuncio de la llegada de observadores de la Liga Árabe, la represión continua en Siria.  Después de once años en el poder, a Bashar Al Asad se le está agotando el discurso reformista y aperturista con el que comenzó su mandato.

Siria se encuentra en el punto de mira de la agenda internacional. Las manifestaciones que comenzaron en Deraa, una ciudad situada al suroeste del país cerca de la frontera con Jordania, pronto se extendieron a otros lugares como Homs, Latakia o Alepo. Sin embargo, lejos de ser una “revolución rápida”, la represión y la violencia son los ingredientes de una situación que se encuentra totalmente bloqueada

Mapa Siria

Fuente: AECID

Situada en el centro del mundo árabe, rodeada de Israel, Líbano, Jordania, Turquía e Iraq; Siria se encuentra en un punto  geoestratégico de gran importancia. Por ello,  tiene un papel muy importante en toda la  región, así como en el juego de las relaciones  internacionales, algo que ha marcado  también su propia historia interna.

Durante todo el siglo XX, Siria ha sido uno de los motores del mundo árabe, fue una de las cunas del arabismo y la capital de la revuelta árabe contra los otomanos, fue dura y artificialmente dividido durante la repartición colonial, aunque también el primero que se alzó contra la ocupación francesa, así como el primer país árabe en vivir un golpe de estado.

Además de su posición privilegiada, Siria es un país muy heterogéneo donde conviven una gran multiplicidad de etnias y confesiones: el 90% de la población es árabe, aunque existen también kurdos (cerca del 9% de la población), armenios, circasianos y turcomanos. En cuanto al ámbito confesional; hay una mayoría de población musulmana (90%) dividida en distintos grupos, entre los que se encuentra una mayoría suní, pero también hay chiíes, como los alawíes, drusos o ismailíes. Así mismo, hay diferentes grupos cristianos que representan un 10% de la población, como los greco-ortodoxos, jacobitas o católicos. Y por último, hay una minoría judía (unas 40.000 personas) y yazidí (una secta kurda que combina elementos paganos, zoroastras, cristianos y musulmanes).

Pasado colonial
Para entender lo que ocurre en Siria es necesario echar la vista atrás. Durante la ocupación turca la Gran Siria comprendía un extenso territorio que hoy en día se divide entre Siria, Líbano, Jordania, Israel y los territorios ocupados palestinos. Cuando el imperio otomano se desmoronó, las potencias europeas se repartieron sus antiguos dominios bajo la forma de mandatos, que teóricamente, tenían el objetivo de facilitar el desarrollo de estos países hacia Estados independientes, sin embargo, en el caso de Siria supuso una soberanía total francesa. La Gran Siria quedó así artificialmente dividida y convertida en la zona más afectada por la competición colonial entre Francia y Gran Bretaña.

Las relaciones entre Francia y Siria han sido a lo largo de la historia muy turbulentas, pasando tanto por momentos de alianza como por levantamientos de la población siria en contra de la ocupación. En este sentido, los diferentes grupos confesionales y étnicos han jugado diferentes roles en la historia del país, ya que han sido utilizados tanto como elemento cohesionador, como elemento diferenciador (la estrategia del “divide y vencerás” usada por la potencia colonial). Es durante el proceso de independencia cuando nace el Partido Baaz (en árabe “resurrección”), actual gobernante en Siria, bajo la ideología del nacionalismo sirio, cuyas principales reivindicaciones eran la unidad árabe, la independencia y la implantación del socialismo. Desde que se produjo el golpe de Estado de1963 a manos de una Junta Militar, el Baaz gobierna en Siria bajo un régimen autoritario y represivo.

El ascenso de los Asad al poder.
Sin embargo, no es hasta 1970, cuando Hafez Al Asad, padre del actual presidente, asciende al poder. Esto se convierte en un hecho sin precedentes en el mundo árabe: un alawí de la minoría musulmana chií, controla un país de mayoría musulmana suní. “El régimen es de mayoría alawí chií y esto genera el descontento de la mayoría suní”, afirma Jesús Núñez, analista de Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). Conscientes de esto, el Baaz ha optado, desde aquel momento, por aliarse con las demás minorías para crear un frente común y asegurarse el poder.
Hafez al Assad

Hafez al Assad celebrando el 28 aniversario en el poder en 1998 (Khaled Al Hariri/Courtesy Reuters en Middle East Matters

El régimen de Hafez Al Asad se prolongó hasta el año 2000. El dirigente diseñó una dictadura en la que todas las decisiones pasaban por sus manos. Cuando muere, hay un consenso de las élites dirigentes por mantener el statu quo. Su hijo Bashar llega al poder de manera de accidental. “Hafez había preparado a Basel, el hermano de Bashar y éste muere en accidente de coche”, asegura Khalil Chnaiker, un médico sirio residente en España. Bashar se encontraba en  Inglaterra estudiando  la especialidad en oftalmología y vuelve a Siria llamado por su padre para gobernar. Tras realizar un referendum en el que se acepta a Bashar con un 99,9%, éste sube al poder comenzando así una república hereditaria o yumrukiya (combinación de las palabras yumhuriya y malakiya, respectivamente “república” y “monarquía” en árabe).

A su llegada al poder Bashar ofrece un discurso reformista y aperturista. “La población siria tenía muchas esperanzas en él, era joven y había estudiado en Occidente, se comienza a hablar de democracia, de libertad de opinión, de prensa, de reunión y de  asociación”, cuenta el doctor Chnaiker. Sin embargo, la represión no tardó en volver a ejercerse.

Según el artículo 8 de la Constitución siria, el Baaz es el “partido líder del Estado y la sociedad”. El gobierno está formado por varias fuerzas políticas vertebradas en el Frente Nacional Progresista (FNP). El Parlamento está controlado en dos terceras partes por el FNP y el tercio restante queda para fuerzas independientes. Hemos hablado con una fuente cercana al gobierno sirio, que prefiere quedar en el anonimato porque dice estar muy dolido con la prensa internacional por la campaña propagandística en contra de Siria que están llevando a cabo. A partir de ahora me referiré a esta persona bajo el seudónimo Elías. Según esta fuente, “contrariamente a lo que se dice, el Baaz no es mayoría y todas las fuerzas vivas del país están representadas, desde nacionalistas árabes, a socialistas y nacionalsocialistas. Por tanto, hay partidos políticos que dialogan”. Sin embargo, el doctor Chnaiker, afirma que “a pesar de que haya representación de diferentes partidos políticos, todo pasa  siempre por el Baaz”.

Actualmente, el poder está en manos del clan de los Kalbiya, al que pertenece Bashar al Asad. El control del  Estado se lleva a cabo entre las Fuerzas Armadas (formadas por diferentes aparatos, entre los que se encuentran los servicios de inteligencia o mujarabat), el Mando Regional del Partido Baaz y la oligarquía damascena. Según Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Alicante, “el elemento fundamental de la relación entre el régimen de los Asad y ciertas élites económicas se basa en un acuerdo tácito por el cual aporta cobertura legal y política a las oligarquías afines y éstas aseguran respaldo financiero y empresarial”.

De izquierda a derecha Bassel, Hafez y Bashar al Assad (Fuente: Reuters/La Libération)

Concretamente las Fuerzas Armadas juegan un papel muy importante en la sociedad siria, sobre todo  teniendo en cuenta el estado de guerra en el que vive el país y la ley marcial vigente  desde hace más de tres décadas. Según un representante del grupo de facebook “The Syrian Days of Rage” con el que hemos tenido oportunidad de mantener una conversación telefónica, “este es uno de los grandes problemas de Siria, hay demasiada presencia de las Fuerzas de Seguridad y son extremadamente corruptas”. Este grupo se encarga principalmente de difundir información sobre lo que está ocurriendo en el país ante el bloqueo a los medios de comunicación que se ejerce y de ayudar en la organización y difusión de las manifestaciones.

Aunque el gobierno está formado por personas de diferentes etnias, parece que esto es sólo una estrategia para blindarse contra el descontento de ciertos sectores de la población musulmana suní. “El clan Asad coopta a aquellos elementos que pueden suponer interesantes para minorizar cualquier amenaza”, afirma Núñez. Sin embargo, según Elías, “las minorías en Siria están unidas contra cualquier protesta o acción armada en el país y lo que están haciendo es hacer fracasar las revueltas que hay en el país, protagonizadas únicamente por un sector determinado que es el musulmán suní”.  Esta misma fuente niega que el gobierno de Siria esté en manos del clan kalbiya.

Hay razones para pensar que las manifestaciones no están sólo causadas por elementos religiosos. Siria es un país donde hay corrupción, sumada a una mala gestión económica, además de los cuatro años de sequía que están afectando fuertemente la agricultura, uno de los sectores principales de la economía del país. Según Nuñez, esto provoca que una parte de la población siria no tenga cubiertas sus necesidades básicas. Además, el representante del grupo “The Syrian Days of Rage” afirma que “se están manifestando todos, personas de todas las confesiones y religiones, porque están cansados del régimen autoritario de Bashar y quieren libertad”. Para él, las redes sociales están jugando un papel de gran importancia, porque es la única manera que tienen de transmitir a la opinión pública internacional lo que está ocurriendo en el país. Mientras que en Egipto y en Túnez, sus líderes respectivos entendieron tras las revueltas que su momento había llegado, según afirma Jesús Núñez, “parece que en Siria Bashar Al Asad ha tomado una posición clara de castigo indiscriminado a la población; transmitiendo el mensaje de que él tiene el control y de que es él el que decidirá en cada momento cuál es la reforma completa o parcial que llevará a cabo, aunque mientras tanto muestra una actitud violenta, de utilización de francotiradores y ahora también de fuerzas armadas para reprimir las manifestaciones”

Manifestaciones en Siria (Fuente: La voz del Interior)

En este sentido, el gobierno sirio ya ha realizado diversas reformas, como el levantamiento del estado de emergencia en el que se encuentra el país desde 1963 así como varios cambios en el gobierno y la nacionalización de 250.000 kurdos. También ha anunciado otras medidas, como la liberalización de los presos políticos; sin embargo, la oposición califica estas medidas como tardías e insuficientes. Además, la justificación de Bashar al Asad de no llevar a cabo las reformas porque la vieja guardia no le deja ya se le está agotando. “Bashar lleva ya once años en el poder y no puede seguir usando ese viejo argumento. Esto ya se le ha agotado junto con esa supuesta imagen de reformista. O gobierna o no gobierna”, afirma Núñez.

Pero Elías niega esta realidad. Él afirma que “el régimen sirio está abierto al diálogo político y el presidente recibe todos los días delegaciones de todos los partidos políticos y de todas las ideologías” y atestigua que las manifestaciones no están en absoluto siendo multitudinarias y están lideradas por los Hermanos Musulmanes.“La connotación religiosa es clarísima, ya que, salen o pretenden que salgan los viernes desde las mezquitas, después de la oración.”

Los Hermanos Musulmanes sirios.

Los Hermanos Musulmanes nacen en 1944 en Siria como una rama de la organización de Egipto. En sus inicios, tuvieron un fuerte respaldo en los núcleos urbanos de mayoría suní de Alepo, Hama y Homs. Además, durante la primera década de la independencia formaron parte de la vida política del país. Cuando el Partido Baaz sube al poder en 1963, comienza una persecución de los sectores islamistas, convirtiéndose la Hermandad en un representante del descontento popular. Desde que el Baaz ascendió al poder, ha sufrido varias revueltas, en algunos casos, violentas, protagonizadas por los Hermanos Musulmanes. Los años más duros en este sentido, fueron entre 1979 y 1982, cuando tras varios levantamientos, el régimen llevó a cabo una dura represión. En enero de 1982, los Hermanos Musulmanes tenían previsto dar un golpe de Estado en diferentes ciudades del país, sin embargo, el complot fue descubierto y sólo se continuó con el plan en la ciudad de Hama. El presidente envió 12.000 soldados dirigidos por Rifaat al Asad, hermano del presidente Hafez y dirigente de las Compañías de Defensa, unas tropas de élite. Los soldados consiguieron vencer toda resistencia, dejando entre 5.000 y 10.000 personas muertas, aunque algunas fuentes elevan el número a 20.000. Actualmente, la Hermandad está prohibida en Siria. “Los partidos confesionales están prohibidos en  el país, incluso por el propio pueblo sirio, porque allí cada uno es de una etnia y de una religión y hacen falta partidos que engloben a todos. Los partidos confesionales llevarían a la confrontación y llevaría a las personas a ser conducidas como ganado por los dirigentes religiosos como ocurre en Líbano”, afirma Elías.

Las manifestaciones

Las protestas comenzaron en la provincia de Deera, a raíz de la detención y tortura de varios jóvenes menores de edad. Según Chnaiker, las manifestaciones comenzaron cuando “dos profesoras fueron asesinadas por decir que esperaban que sucediera lo mismo en Siria que en Egipto y Túnez”.  Esto provocó la respuesta de los alumnos, que realizaron pintadas en la calle en contra del régimen. Este hecho suscitó la indignación de la población y desencadenó las revueltas. Además es dónde, según diferentes ONG, se está produciendo la represión más violenta. Ésta ha sido la mecha que ha encendido la llama en otras ciudades del país.

Ante esta situación se encuentran dos visiones totalmente contrarias y enfrentadas. Tal como afirma Chnaiker, los cuerpos de seguridad tienen el siguiente método: “mandan a grupos armados a mezclarse entre la gente, para dar testimonio que los manifestantes están armados. Al más revolucionario lo matan. Por otra parte envían al Ejército con el objetivo de matar a estos supuestos grupos armados. A cualquier soldado que le tiembla el pulso al matar a sus compañeros infiltrados entre los manifestantes, también lo matan”. Frente a esto, está la posición del gobierno sirio, según Elías, “la policía tiene la orden de no disparar, ni siquiera portan armas, y los manifestantes empezaron a disparar y a matar policías. Ahora en Siria hay más de 150 miembros del Ejército y de las Fuerzas de Seguridad muertos a manos de estos grupos armados, y 2500 heridos, entre ellos jefes militares, coroneles y soldados”.

Lo cierto es que el régimen ha permanecido totalmente cerrado al exterior y esto induce indefectiblemente a la sospecha y a que se generen dudas sobre lo que allí está ocurriendo. Diversas organizaciones de derechos humanos como Human Rigths Watch o Amnistía Internacional denuncian que se están violando sistemáticamente los derechos humanos y que el régimen está practicando una represión brutal e indiscriminada contra los manifestantes  y que está cometiendo crímenes contra la humanidad. Víctimas y testigos entrevistados por la organización afirman que en la provincia de Deera, dónde tuvieron lugar las primeras manifestaciones, se están produciendo de manera sistemática asesinatos, palizas, torturas y detenciones de personas que requieren asistencia técnica.

Otro punto importante es la intervención internacional, ¿podría aprobarse una operación como la de Libia? Hay diferentes argumentos que conducen a pensar que esto no va a ser así. Por una parte, los líderes de las revueltas no están identificados, por ello la comunidad internacional teme que la única alternativa sea el islamismo radical. Así, “se ve al régimen de Bashar como un mal menor”; afirma Núñez. Por otra parte, a pesar de que Siria tiene parte de su territorio ocupado desde 1967 por Israel, desde la guerra del Yom Kipur en 1973, no ha realizado una operación militar para recuperarlo. “El mantenimiento del statu quo está garantizado por el régimen de Bashar”, declara Núñez. Algo parecido ocurre en Líbano, dónde Siria tiene la capacidad de controlar y mantener el orden de lo que allí ocurre; y éste es el mensaje que se transmite internacionalmente, siendo otro de los elementos que indican que no habrá tal intervención.

La solución ante esta situación es complicada. Frente al gobierno, que se mantiene en la posición de que las manifestaciones no están siendo en absoluto exitosas, están los manifestantes, cuya principal demanda, según el integrante del grupo “The Syrian Days of Rage” es que el régimen caiga. Ahora hay más de 1.300 muertos, más de 4.000 heridos y unos 13.000 presos políticos a causa de las manifestaciones, según la misma fuente. ¿Podrá un régimen como este gobernar y arreglar el país?” Habrá que esperar para saber cuál es el destino de Siria.

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